Crónica de los sentimientos, pensamientos y vivencias en los días del plebiscito por la paz.
Es lunes, esta mañana en TransMilenio el ambiente está un poco más tenso que de costumbre. Estamos apretujados. Ahora recién llega un bus. Empieza la lucha, los de adelante no se suben porque la ruta no les sirve, pero los de atrás quieren entrar. “córranse… permiso… oiga señor usted el grandote… ahh coma m… no me empuje… vieja imbécil porque no madruga…” Al fin y al cabo cada uno lucha por su espacio en esta jaula. Qué mala música tengo en el alma.
Ayer en la tarde fuimos a la Plaza de Bolívar a esperar el resultado del Plebiscito. Unas cuadras antes la radio nos decía que la diferencia era de mil votos. Se habían cerrado la mayoría de urnas en Bogotá y faltaban un buen porcentaje de las de Antioquia. Ya en la carrera Séptima, la policía restringía el paso hacia la plaza y se confirmaba la noticia, el NO ya superaba al SÍ por miles de votos.
El desconcierto era generalizado. Una chica Brasilera se nos acercó y nos preguntó: ¿Qué está aconteciendo? Pues que gano el NO. Ella no lo podía creer, decirle NO a un proceso de paz no entraba en su cabeza. Pero todo tiene su explicación.
Ahora por fin logro subirme al bus. Nunca antes he sentido una energía tan negativa de camino a mí trabajo. Hay muy poco aire, acabo de abrir la ventana y la señora que viene sentada la cierra. Cómo no sentirse con mala música en el alma.
Me acomodo donde puedo y mi mente empieza a buscarle salida, razones y motivos a nuestro gol olímpico de ayer. La primera conclusión independientemente del triunfo del NO, es que los ciudadanos colombianos en un porcentaje cercano al 95% no leyeron los acuerdos (o no los oyeron porque estaban disponibles en audio). Su posición con respecto al texto de los acuerdos no fue autónoma sino inducida.
Esperar que un pueblo que no lee tome la mejor decisión, es ya de por sí un craso error. Con ese horizonte tan incierto ya estaba preparado el camino para generar el terror. Y por simple lógica, nuestro pueblo tan religioso le llegan hasta el fondo del alma frases como las dichas por Uribe: “los colombianos no saben el diablo escondido en estas 297 páginas.” (The New York times 28/09/2016) Esas palabras aterrorizan a cualquiera, y además si vienen de alguien que al parecer tiene línea directa con el Espíritu Santo, y que muy posiblemente a estas horas de la noche mientras escribo, le está revelando la necesidad de pedir el regreso de Arias para que redacte de nuevo todo lo concerniente a la Reforma Rural Integral, y como diría el gran silvestrista Oscar Iván Zuluaga… que venga a revolucionaaaar... el agro claro está.
En este caso hay que decirlo; el Dios de las Iglesias estuvo en general con el NO, la mayoría de Iglesias cristianas lo anunciaron de frente. La Iglesia Católica se arrugó al final; la historia le cobrará su neutralidad aunque existieron algunos llaneros solitarios como de Roux. Habría que preguntarles a todos esos creyentes: ¿acaso esto más que un evento político no era un acto de humanidad? Sí mal no estoy el evangelio que pregonan habla de: La paz os dejo, mi paz os doy… y no neutralidad les dejo neutralidad les doy.
Ahh pero… pido perdón, se me olvida que según el teólogo Daniel Torres, Jesús no estaba en eso acuerdos. Por supuesto que el joven jugador de la Selección Colombia, está entre los millones de personas que tienen un nivel de lectura rápida supra-humano, es el milagro masivo más grande desde que la humanidad tiene memorias, porque, no solo les fue innecesario leer las 297 páginas sino que el Espíritu les revelo que allí no estaba Jesús. Pobre chucho ya no podrá ir a ninguna parte, su horda de fanáticos lo pillarán rapidito,
Bueno, la verdad estas palabras las he escrito con esa mala música en el alma, en este ambiente raro que muchos sentimos, en este lunes que acaba de pasar, quizá uno de los más tristes de nuestra historia. A muchos nos alentó Bojayá, pero aún así, muchos prefieren quedarse con las terroríficas imágenes de su iglesia destruida, a muy pocos conduelen su perdón y su reconciliación.
Dios debe estar contentísimo, por fin su pueblo colombiano le ha plantado cara al peligro del comunismo, al riesgo de los homosexuales, a la amenaza –ni más faltaba- de una Colombia atea y arrodillada ante las FARC. Y no me salgan ahora con el cuento que soy ateo, si todo el tiempo les he estado hablando de la Santísima Trinidad, que si mal no estoy debe ser la prima solterona de Simón Trinidad.
Alejandro González Santafé
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