Happy feat.

Hace un par de meses fui con mi sobrina a ver una película en 3D para su distracción, como siempre escogimos una de dibujos animados; siempre pensamos que esas son las ideales para los niños pues manejan un lenguaje visual y oral acorde para su edad. Entre las opciones mi sobrina escogió Happy feet, pues los pingüinitos se veían bastante graciosos. La disfrutamos mucho, pero yo con mi ojo de filósofo pronto empecé a interpretar algunas escenas, que luego se hicieron evidentes, el tema era el sobrecalentamiento global, confirmado con un comentario de Paola mi sobrina de apenas 6 añitos, tío, me parece que el mundo se está acabando pero es solo en la película, Cierto?. El film a nivel familiar maneja las relaciones padre-hijos en gran manera, como también el sentido de lo social, pero en esta ocasión quiero hacer énfasis en una escena en particular, cuando llegan los seres humanos a colaborar en el rescate de la población de pingüinos se tiene la impresión que es la salvación, que por fin llegó alguien capaz y con la inteligencia y tecnología necesaria. Pero pronto los resultados son tristes, los seres humanos causantes a lo largo de las últimas décadas de está hecatombe ecológica se retiran omitiendo totalmente su responsabilidad y abandonando la naturaleza a su suerte. Ahora, como siempre, ella tendrá que salvarse por sí misma
Cabrían varios interrogantes ¿acaso no hacemos parte de la naturaleza, acaso no somos el punto álgido y orgullo del proceso evolutivo, se equivoco la naturaleza al darnos la supremacía sobre las demás especies, o tal vez hubiera sido mejor que nos dominaran las cucarachas con su gran resistencia, o las hormigas con su magnífica organización, o el águila con su agudeza, o el delfín con su inigualable inteligencia.. ? Lamentablemente somos nosotros los que prevalecimos, pero, qué nos pasó por qué nos sentimos ajenos y verdugos de nuestro ecosistema. Nos quedan aún “muchas respuestas sin preguntar”