La política del prejuicio


De cómo Nuestra organización y manera de proceder como sociedad en la actualidad no está basada en la política, sino en los prejuicios.
Hannah Arendt en un breve artículo sobre política (1959), nos recuerda cómo ésta suele ser remplazada por el prejuicio.

En países como el nuestro, carentes de formación política es común el surgimiento de “caudillos” y salvadores que a pesar de su tiranía y mezquindad logran generar los más locos amores en amplios sectores sociales, que son con frecuencia quienes menos se informan y leen. Las personas, incluso se sienten, políticamente activas. De ser necesario se recurrirá al insulto y la estigmatización del otro, como torpe, insensato; palabras que en nuestro belicoso país toman un tinte más agresivo.
Uno de los discursos frecuentes de los subalternos políticos es hacer referencia a la idea de sociedad que tiene su superior. Por ejemplo, los ministros dicen, “en la visión económica del presidente tal, en la idea de salud del presidente tal”, etc. Luego aparecen los de menor rango adulando a su ministro. Así se va desgranando el rosario de elogios. Algunos dirán “es que fulanito de tal tiene unas ideas políticas geniales”. Sí, puede ser cierto; pero es democráticamente incorrecto, porque no parte de la reflexión y el trabajo grupal de un partido político, sino de la idea de “país” que fulanito o mengano tienen. ¿Aunque pensáramos positivamente, no dejaría de ser una locura confiarle la sociedad a la inteligencia de un solo ciudadano?
Con relativa frecuencia subirá al poder uno de esos dirigentes de ideas geniales. ¿Por qué ocurre? Porque simple y llanamente el sistema actual lo permite y lo promueve. ¿Acaso las ideas urbanísticas de ciertos alcaldes han partido de reflexiones y trabajos conjuntos sobre cómo proyectar una ciudad como la nuestra? “él fue un visionario.” En medio de nuestra ineptitud política es obvio que se requieren visionarios, no porque ellos sean maravillosos, sino porque la sociedad en su conjunto parece incapaz de generar ideas y modelos políticos más participativos.

Pero un momento, la sociedad sí genera ideas y modelos políticos. La dificultad está en que su aplicación germina ya vetada por los intereses económicos, que hasta el final impondrán su fuerza y ley.

Quienes pensamos distinto no debemos realizar el mismo camino. Enamorarnos de la idea política de “alguien bueno”. Lo que si debemos hacer es tomar esas ideas y discutirlas, cuestionarlas, ponerlas en consenso y purificarlas. Solo así lograremos combatir la mezquindad política que impera en nuestro rededor.

Cuando alguien dice “yo amo al presidente tal”, nos está dando una muestra de la tergiversación y anomalía política en que vivimos. ¿Por qué se debe amar a un servidor público? ¿Por qué este o aquel deben generar tantas pasiones? ¿Acaso la política es solamente pasional? ¿Acaso la pasión desenfrenada por algo no mata en muchos casos el derecho a la diferencia?

Nuestra organización y manera de proceder como sociedad en la actualidad no está basada en la política, sino en los prejuicios. En esto los medios de comunicación juegan un papel central, pues le “ahorran” la pereza a las personas de ir a las fuentes de la información. Hacen con frecuencia síntesis y resumen de los eventos. ¿Qué nos garantiza que su compresión de las situaciones sea la más idónea y correcta?

Hemos tomado decisiones políticas a partir del prejuicio y la desinformación. En algunas ocasiones podemos decir: “acertamos”, ¿O sea, en la ruleta de la suerte política, nos damos el lujo de confiar nuestro futuro al azar? Esta es sin duda, la locura madre de todas las locuras. Una sociedad políticamente enferma no solo se polarizará, sino que terminará odiándose a sí misma en el trancón y el caos como el de la capital colombiana. No merecemos un mejor país hasta que no abandonemos la política de los prejuicios y los conformismos. Mientras tanto, usted que piensa distinto ayude a los demás a leer e informarse, o sea a quererse.

Alejandro González Santafé

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